Agua Zarca al descubierto: Revelaciones que comprometen a sospechosos tras el asesinato de Berta Cáceres

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Tras seis años del asesinato de la defensora ambiental Berta Cáceres, nuevas filtraciones cuestionan el rol de los Atala Zablah en el proyecto Agua Zarca. De acuerdo con el medio de noticias Confidencial de Nicaragua, se han revelado comunicaciones privadas entre Daniel Atala Zablah, director de DESA y su tío Jacobo Atala Zablah, ex banquero. 

La filtración evidencia presuntas presiones e influencias políticas de los Atala Zablah dentro del organismo financiero. Una actuación que contraviene advertencias sobre los altos riesgos socioambientales de la represa y los conflictos que enfrentaba, liderados justamente por Berta Cáceres.

Con familiares en cargos directivos del BCIE y presidiendo el principal grupo bancario, los Atala Zablah poseían conexiones ideales para torcer la voluntad del ente prestamista. Esto daba cuenta de las sospechas sobre el controvertido crédito autorizado finalmente en 2014 a DESA.

De acuerdo con los nuevos mensajes, el préstamo brindó alivio a Daniel Atala. No obstante, para Berta Cáceres y COPINH, solo anticipaba mayores conflictos con el proyecto. La tensión aumentó con más protestas denunciando irregularidades. Evaluadores advirtieron que DESA fomentaba la conflictividad contra los opositores.

Pero en el BCIE y el gobierno primaron los intereses empresariales sobre las alertas. El 3 de marzo de 2016, Cáceres fue asesinada. Posteriormente se desmanteló una red implicada, incluyendo exmilitares y al presidente de DESA, condenado como autor intelectual.

Los mensajes entre Daniel Atala y su tío Jacobo arrojan nueva luz sobre la polémica aprobación del préstamo para el proyecto Agua Zarca en 2014. En los textos, Daniel muestra desesperación por conseguir el dinero y consulta a «Jacko», apodo de su influyente tío Jacobo, sobre cómo lograrlo a través del BCIE.

Auditorías internas del BCIE obtenidas por OCCRP señalaban graves advertencias previamente ignoradas sobre la falta de experiencia y capacidad financiera de DESA y de su círculo directivo, liderado por la familia Atala, para llevar adelante el complejo megaproyecto energético. DESA apenas valía 2 millones de dólares, pero se comprometía a ejecutar obras por 50 millones con el préstamo.

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Las alarmas no impidieron que el organismo aprobara el multimillonario crédito. Daniel Atala expresaba en los textos no entender cómo pagaría los 44,4 millones que ahora debía. Presumía haber tenido que utilizar «canales traseros» con su tío Jacobo para agilizar un proceso que el propio BCIE calificaba como demorado.

Estas filtraciones cuestionan seriamente la idoneidad e independencia de la evaluación del organismo, considerando además que el padre de Daniel, José Eduardo Atala Zablah, accionista de la compañía propietaria de DESA, ocupó un cargo directivo en el BCIE en Honduras durante un período de dos años en la década de los 2000. Su tío, Jacobo Atala Zablah, es un destacado empresario hondureño reconocido por su gestión en el Banco BAC, una de las instituciones de préstamos más importantes del país. 

En 2021, una investigación conjunta de Contracorriente y el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, en colaboración con OCCRP, descubrió que Jacobo Atala Zablah participó en la creación de diversas empresas offshore vinculadas a Porfirio Lobo, quien ocupó la presidencia de Honduras entre 2010 y 2014. Esta revelación ha suscitado un interés público en torno a las actividades financieras y las conexiones de Jacobo Atala durante ese periodo con el gobierno hondureño.

La filtración ilumina los oscuros intereses que se esconden detrás de un proyecto marcado por conflictos socioambientales desde sus inicios. Grupos indígenas locales advertían que la represa pondría en peligro su río sagrado y sus medios de subsistencia.

Berta Cáceres encabezaba las protestas de COPINH y presentó una denuncia ante el Banco Mundial en 2013, exponiendo riesgos significativos. Como respuesta a esta alerta, otro organismo cofinanciador, el FOMIN, se retiró. A pesar de estas advertencias, el BCIE ignoró repetidamente las señales de alarma.

La tensión se intensificó con nuevas agresiones de DESA hacia los opositores. Evaluadores independientes advirtieron que la empresa fomentaba la conflictividad contra ellos. Poco después, el 3 de marzo de 2016, Berta Cáceres fue asesinada en su casa por sicarios contratados por directivos de DESA, incluyendo al presidente Roberto David Castillo.

Estas revelaciones arrojan nuevas dudas sobre la presunta responsabilidad de los Atala Zablah en los fatales errores del BCIE. Errores que posibilitaron el asesinato de Berta Cáceres a manos de quienes impulsaban el polémico proyecto Agua Zarca.